jueves, 22 de enero de 2009

EL AMOR Y LOS ARBOLES



Corazón! ¡Corazón! ¿Por qué suspiras?¿Por qué los muros de tu cárcel bates? Es imposible, corazón.... ¡Deliras! Infeliz corazón, en vano lates . Cunde al punto la luz de la mañana, se alegra el valle, el monte resplandece, la niebla que en la noche cubrió el suelo se rompe fugitiva y desvanece, o en ondeantes penachos sube al cielo. Bulle el viento en los árboles sonoro, brilla en las verdes hojas el rocío, murmura el arroyuelo entre las flores dulce, y más osado rumor levanta el impetuoso río; allá resuena la floresta umbría con el alegre, bullicioso coro de pájaros cantores.
Si al matiz de estas flores juntaras de tu labio el color purpurino; si este bello jardín hermosearas con tu rostro apacible y divino.
Cada vez que me cruzo en la calle con un noble viejo, a quien tiemblan las piernas y abate de la vida el peso, inefable impresión de ternura en el alma siento:le saludo, y su mano arrugada con cariño estrecho. ¿Es acaso de ese noble viejo a quien amo y saludo, ése ha sido mi primer maestro. Soy el mismo arbol solitario

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